sábado 12 de febrero de 2011

La necesidad de un título.

Soy una persona sencilla. no busco mucho en esta vida. Me veo a futuro teniendo un trabajo normal, tal vez bajo el mandato de un jefe idiota que me explote o tal vez siendo mi propio jefe, cualquiera que sea el caso, yo ya me vi de esa manera y estoy conforme con eso. Nunca me he visto como un millonario ni alguien muy rico. Siempre me he visto como alguien normal con pequeños lujos, como un auto no tan viejo, un smartphone de calidad, una buena computadora y otras cositas que hacen de nuestra estadía en este planeta algo más placentero. En este momento me encuentro estudiando la carrera de Ingeniería en computación. La computación siempre me ha apasionado y la carrera se encargó de, semestre a semestre, matar esta pasión. Por suerte me encuentro en los semestres finales (el octavo, por si se lo preguntaban) y la pasión que sentí hace mucho ha vuelto, por fin estoy viendo cosas “importantes e interesantes” con respecto a la computación, todos los conocimientos previos ya los “tengo” y ahora puedo aplicarlos a lo que es mi carrera. Muchas materias que cursé a lo largo de la carrera fueron inútiles, muchas otras las pasé de noche. Los encargados de definir las materias que se cursan a lo largo de la carrera muchas veces no tienen idea de lo que hacen y otras veces quieren hacerlo tan general que, cuando tu meta es algo muy particular, te pierdes en el camino.

Suficiente de mí.

Tengo una novia (sí, ya sé que sigo hablando de mí. Fue la única manera que se me ocurrió para presentarla en este post y es necesario hacerlo). Mi novia no es del DF (yo tampoco), la conocí gracias al Internet, por azares del destino coincidimos en twitter y comenzamos a hablar (no quiero aburrirlos con los detalles, si están interesados tal vez algún día haga un post sobre eso). Ella estaba estudiando en el DF (como yo) y todo iba muy bien. Ahora estoy envuelto en una relación a distancia por diferentes razones.

Ella se tuvo que regresar a Monterrey por cosas de la escuela, el lugar donde estaba estudiando aquí no la convenció y decidió regresarse a continuar con la educación que dejó pendiente en su estado. Regresó porque siente que tiene la necesidad de conseguir un título, en Monterrey estaba estudiando artes visuales, acá en el DF estaba estudiando cine. He tratado de explicarle que para las carreras artísticas no es necesario tener un título, que tu trabajo habla por ti, que si no tienes un título pero haces muy buenos trabajos, la gente te contrata sin pensarlo. Ella, como lo dije, siente la necesidad de conseguir un título porque su familia así se lo enseñó.

Los títulos son una necesidad cuando te dedicas a una carrera científica, de ingeniería, derecho o cualquier cosa parecida. La necesidad de un título no es por otra cosa que por seguridad. No te conviene contratar a un ingeniero que no tenga título porque posiblemente no tenga todos los conocimientos necesarios para ejercer la profesión. También un título garantiza que ya llevó todas las materias necesarias para realizar un buen trabajo. En ingeniería, por ejemplo, al final se ven materias de humanidades como Ética Profesional o Recursos y Necesidades de México, que si bien no tienen que ver con la ingeniería, son necesarias en el área laboral.

Los títulos no son una necesidad cuando te dedicas a una carrera artística, de letras o parecidas. En estas carreras el trabajo que realices habla por ti, no hay necesidad de que tengas un título que te avale. Para lo único que te sirve un título en estas carreras es para posicionarte en el mercado, pero si eres un genio o eres muy bueno en lo que haces, desde antes puedes conseguir un trabajo bien pagado y que no te de ningún problema. Por ejemplo, si quisieras contratar un fotógrafo, no te fijarías si tiene un título o no, mientras haga un buen trabajo, lo contratarías. Otro ejemplo: Cuando compras un libro no te fijas si el escritor tiene título, te interesa que su material sea interesante. Muchas veces en este tipo de carreras uno puede ser autodidacta o nacer con el don. La enorme cantidad de fotógrafos, escritores, músicos y pintores, no tienen un título y son muy buenos en lo que hacen. Puedo poner el ejemplo de mi padre, él es un fotógrafo que empezó de la nada y no tiene un título, estudió algunos cursos para aprender la técnica y de ahí todo fue practicar y practicar.

Esa búsqueda de un título (o necesidad de tener uno) puede llevarnos a tomar decisiones erróneas. Hay muchísimas cosas en las que uno puede querer laborar y que no haya una carrera establecida para eso. Entonces, en nuestra necesidad de un título, podemos meternos a la carrera “más parecida” a lo que queremos hacer. Esto nos puede atrapar en un proceso académico (de 2 a 5 años) angustiante y agobiante para el cursante. Como lo que queremos hacer es sólo algo parecido a lo que nos metimos a estudiar, puede que en el proceso nos desesperemos porque lo que estamos estudiando no es realmente tan parecido a lo que queremos. No existen carreras que sean tan parecidas, si fuera así no habría necesidad de hacer tantas carreras diferentes. Todas tienen un cambio que, por pequeño que sea, puede hacer variar el curso de la carrera.

Algo que sí comparten las dos áreas es que, cuando una persona tiene un título de lo único que puedes estar seguro es que esa persona tiene un título. En ambos casos un título no garantiza la excelencia de la persona en el área, no representa lo bueno que es y no representa que sepa todo lo que estudió en la carrera, como dije: El tener un título sólo significa que se tiene un título.

Espero sus comentarios y sus vivencias.

NOTA: No voy a dejar mi carrera. El post no está enfocado en eso, más bien está enfocado en responder la pregunta "¿Es necesario un título?" y yo hablé de mis pensamientos sobre el tema, dividiendo la respuesta en varias partes, porque no todos los estudios son iguales.

miércoles 13 de octubre de 2010

La gran trajedia (sic)



Al terminar mi clase de Análisis de no sé qué, salí lo más rápido que pude. Toda la clase me la había pasado jugando Earth Worm Jim en el iPhone. La clase no pudo haber estado más aburrida. Terminando la clase tengo que ir otra parte de la facultad, el Anexo, le dicen. Para llegar al anexo se tiene que caminar como 10 minutos, mi primera clase termina a las 11:30am y la segunda empieza a las 11:30am. Así de ilógicos somos los ingenieros. Tengo un amigo que va conmigo en la segunda clase pero no en la primera, Gustavo. Él, generalmente, sale como a las 11:40am de su clase y yo lo espero.

Ahí fue donde empezó el problema.

Salí temprano de mi primer clase, como a las 11:20am. Tenía tiempo suficiente para leer un capítulo antes de que Gustavo llegara. Saqué el libro de mi mochila. El libro es bastante interesante, se llama Choke y es de Palahniuk. Empecé a leer el capítulo, sería algo así como el 30 o el 32, los capítulos son muy cortos. El tiempo voló, me fijé y faltaba una hoja para terminar el capítulo pero también revisé la hora y resulta que ya eran las 11:43 y Gustavo no había llegado. Cerré el libro y corrí a mi clase. No es que sea un mal amigo ni nada, pero Gustavo se había sentido mal el día anterior y pensé que tal vez no habría venido.

Caminé rápido porque delante de mí iban unos ñoños de la clase. Supuse que la maestra no les negaría la entrada y, si yo entraba con ellos, tampoco me la negaría a mí. El salón es en el primer piso de la ala poniente del Anexo, ¿o era la oriente? Bueno, en realidad no importa, el salón es el 134. A unos metros de la puerta pude ver a Gustavo corriendo en el piso de abajo por llegar pronto. Le troné los dedos, señal que significaba "¡Date prisa, maricón!".

Entré a la clase 15 minutos tardé y nadie hacía nada. Pregunté, por curiosidad lo que se supone que estábamos haciendo y alguien me respondió que nada, que había llegado y no había dicho nada. Me quedé sentado haciendo nada y Gustavo entró, dos minutos después que yo. "Maricón, no me esperaste", me reclamó. "Pendejo", le dije "estuve ahí un chingo y no llegaste, a ver si le apuras para la otra, ya me costaste un examen". Después de nuestros problemas la maestra empezó a dictar, saqué mi libreta y...

Antes de continuar quiero explicar el perfil de la maestra. Creo que es necesario para la completa comprensión de la historia. La maestra se llama Gabriela Algo, no es que su apellido sea Algo, es lo que decimos cuando no recordamos el apellido. En realidad sí lo recuerdo pero me quiero hacer el interesante. Gabriela es una maestra muy normal que andará por los 35 a 40 años. A Gabriela le gusta hacerse la inteligente y la interesante, seguido deja tareas inútiles a sus alumnos, ya saben, del tipo de tareas que las puedes investigar en internet y que nada te cuesta hacerlas, pero que son inútiles. A Gabriela le gusta dictar todos los apuntes y hacernos escribir, como si eso nos hiciera de alguna manera más inteligentes, siempre he pensado que muchas veces los maestros nos ven sólo como monos con la habilidad de escribir cosas. Gabriela también es del tipo de maestra que debería dar en la preparatoria, le da mucha importancia a la presentación del trabajo y poca al contenido, del tipo de maestra que si no se ve bonito no es un buen trabajo, del tipo de maestra que odias rápido. Gabriela es una maestra muy normal, tan normal que me da asco. Asco y hueva.

... saqué mi libreta y comencé a garabatear, sólo para dar la idea de que estaba escribiendo sus mil y un definiciones inútiles. Empecé a sentir ansiedad y saqué mi libro...

Ahora tengo que hablar un poco de mi personalidad para que se entienda la historia. No sé si sea un problema psicológico pero me molesta mucho dejar los libros entre capítulos, no puedo. Si sé que no terminé de leer hasta el fin de un capítulo (o el principio de otro) no puedo estar en paz, me da ansia, me siento incómodo.


...y saqué mi libro. Lo puse sobre mi libreta. El libro tiene en la portada la ilustración de un cuerpo humano sin piel con los nombres de muchos músculos. Siempre que lo sacaba en el metro trataba de mostrar su portada para que las personas que tienen por costumbre revisar qué leen los demás pensaran que estaba leyendo algo de biología o medicina. Revisé sólo para asegurar que me faltaba poco porque no quería que la maestra pensará que la estaba ignorando. Sólo me faltaba una hoja para terminar el capítulo. Empecé a leer como mero trámite porque, la verdad, no le estaba poniendo atención a la lectura. Me molesta cuando sucede eso, uno se pone a leer y avanza rápido pero cuando uno se detiene un poco y piensa en lo que leyó, nada se le viene a la mente, me gusta decirle leer por encima. Entonces estaba leyendo por encima cuando la maestra, como llamada de atención, me gritó que no le estaba poniendo atención, traté de responderle que sí pero no me dio tiempo, después cambió su tono de advertencia y me dijo que me saliera de la clase, que no me quería ver hasta el final.

Me salí y me senté fuera de la biblioteca. Terminé mi libro. Debo agregar que el final me gustó bastante, Palahniuk tiene una manera de escribir, un tanto oscura y un tanto graciosa, que me gusta.

Al finalizar la clase fui a hablar con ella, como la noté un poco molesta decidí dejar la plática de perdón para después y sólo le pregunté que cuál era mi condición y que qué debía hacer. Me dijo que haría el último final y que lo que sacara ahí sería mi promedio.

Hasta este momento he estado pensando en las diferentes opciones que tengo. Puedo dejarlo así y presentarme al final, es decir, no debo ir a clases ni entregar tareas ni proyectos ni nada pero al final debo estudiar mucho para una materia muy teórica. O puedo rogar mi perdón y seguir en clases. Le mandé un correo pidiendo perdón pero también le daba la opción de dejar las cosas como están, supongo que sólo queda esperar.


viernes 27 de agosto de 2010

Vagabundo



Hoy vi un vagabundo en el metro. Lucía como cualquier vagabundo: suéter rojo desgastado, pantalones negros y unos zapatos que usaba solo por compromiso. Estaba muy cansado, se le veía en los ojos y en el semblante. Tenia la mano recargada en el tubo, estaba sentado en el asiento individual. Su mano resbalaba debido a la enorme cantidad de sueño que cargaba.

Muchas veces me he topado con gente durmiéndose y, en general, es muy gracioso. Hoy no. Había algo en la cara del pobre vagabundo que hacia la escena algo trágica. No a todos les parecía así, un idiota a mi lado encontró divertido el constante meneo del vagabundo y decidió grabarlo. Espero que ese pobre infeliz no tenga amigos y que nadie vea su video.

El cabello del hombre estaba enmarañado, parecía que no lo había lavado en meses y no dudo que sea cierto. Las manos estaban muy maltratadas y sucias. Tenía canas por todos lados y una Barba tan larga que, en un mejor tiempo, podría haber trabajado como santaclós. Parecía un pescador alcohólico, de esos que abundan en la literatura.

Traía una bolsa en la mano. Al principio la había dejado en el suelo, pero ahora se encontraban entres sus manos...

Me dormí.

lunes 23 de agosto de 2010

Le chat et Chat



C'était une fois un garçon qui avait un chat. Le chat s'appelait Chien et aussi, il avait un chien qui s'appelait Chat. Les trois étaient toujours ensemble. Un jour le garçon était en train d'aller a l'école avec ses amis Chat et Chien quand il a trouvé un sac de main, dans le sac il y avait un million d'euros et un carte d'identité, le garcon était dans un situation très complique.

Le chat a dit: "Garçon, garçon! On peut acheter beaucoup de bonbon et de jouets".

Chat a dit: "Non, non! On doit appeler le propriètaire de le sac, probablement il est en train de chercher le sac".

Le garçon a commencé a courir et il a crié très effrayé: "Mon chien Chat et mon chat Chien viennent de moi parler!"


martes 29 de junio de 2010

Un partido completamente inolvidable


Todo pasó el domingo 27 de junio.

No soy una persona que disfrute mucho de los deportes, ninguno me llama tanto la atención pero me gusta ver los partidos de México. Tal vez no soy buen fanático, tal vez no entiendo mucho las jugadas, tal vez no entiendo muchas de las cosas que suceden dentro de los minutos de juego pero algo dentro de mí se emociona, aunque sea un poco, cuando los 11 jugadores salen al estadio portando el uniforme de la selección nacional.

El partido era a la 1:30 pm, la idea era verlo aquí, en la casa de mi tía donde he estado viviendo desde que llegué a USA. Justo unos 15 minutos antes de que comenzara el partido a mi tío le hablaron para invitarlo a casa de un cuñado. Aceptó. Mi hermano decidió que todavía tenía tiempo para bañarse en lo que empezaba el juego. Yo no estaba tranquilo, desde temprano mi estómago había estado molestándome y me sudaban las manos. "Son sólo mis nervios", me dije para explicar lo del estómago.

El partido comenzó.

No hay nada más horrible que ver un partido de fútbol de tu selección nacional en un idioma diferente, peor si es inglés y con acento británico. En fin, yo quería ver el fútbol, los comentarios no me eran tan importantes. Mi hermano terminó de bañarse y todos nos dirigíamos al carro cuando mi estómago me traicionó. "Ahorita los alcanzo", les dije y me dirigí al baño. Supongo que no eran sólo mis nervios, algo me había hecho daño y era lo que mi estómago estaba tratando de decirme.

Llegamos a la casa del cuñado.

Entramos. El lugar estaba prácticamente solo, pensé que habría mucha gente viendo el partido pero no, sólo estaba el cuñado ahí, sentado viendo otra cosa. Lo primero que hice fue preguntar por el partido para que lo pusieran en la tele. Prendieron la tele. Ya iban 10 minutos del partido, justo cuando el árbitro regañaba a Torrado.

Retiro lo dicho sobre las narraciones en inglés con acento británico, sí hay algo peor. Teníamos que aguantar la narración en español de unos idiotas malinchistas que, además, hacían malos chistes. Toda la situación me hacía extrañar a Jorge Campos y a la gente con la que acostumbro ver el partido. En la sala habíamos 8 personas: El cuñado y su hermano gemelo, mi tío, mi hermano, mi prima, una niña, un niño y yo. Mi hermano disfruta mucho del fútbol, tiene su equipo en el pueblo y todo, pero es demasiado tímido como para expresar emociones abiertamente en la casa y en el país de alguien más. Los gemelos no sabían nada de fútbol, el niño y la niña eran demasiado pequeños para saber algo, mi prima permaneció callada y mi tío, bueno, mi tío sí estaba comentando. Yo sólo hacía sonidos cuando había jugadas importantes.

Mientras pensaba todo lo anterior avanzaron cerca de 15 minutos que, sumados a los 10 que ya llevaba el partido nos lleva al minuto 25, un minuto antes de que cayera el Gol. No lo vi porque en ese momento estaba volteando a ver a la niña que traía un bonito vestido y que estaba tratando de llamar la atención de todos poniéndose la película de "Buscando a Nemo" en la cabeza. La niña me distrajo y no pude ver el gol. Pasaron la repetición y, ¡no puede ser! había sido fuera de lugar y todo mundo estaba discutiendo.

México 0 - 1 Argentina, así lo decidió el árbitro.

No habían pasado ni tres minutos cuando Rafa Márquez decidió mostrar su inconformidad con la elección del árbitro pateando a un jugador. Clásico. En la sala todos discutíamos cómo sí, efectivamente, había sido fuera de lugar. 5 minutos después de la tarjeta amarilla contra Rafa al cuñado se le ocurrió preguntarme si tomaba cerveza, "es que, te ves muy niño", dijo. Acepté la cerveza. No la había destapado cuando cayó el otro gol. Sí, otro. De nuevo no me di cuenta de cómo ocurrió. Vi la repetición y nomás me molesté. ¡Fue un pinche error de Osorio! Primero el árbitro les regala un gol y luego Osorio otro, como si Argentina fuera un equipo tan malo que necesitara de ayuda para hacer goles, que no mamen. Todos en la sala teníamos cara de recién madreados. Cerré los ojos y clarito vi a todas mis exnovias diciéndome: "No Toño, no eres tú, soy yo".

Destapé la cerveza y me supo amarga, tan amarga como el marcador que estaba en la pantalla. Me fijé en qué estaba tomando, no sabía a nada que hubiera probado antes. Miller Lite. Ahí estaba la cerveza viéndome con cara de "2 - 0 Pinche mexicano" y presumiéndome su nueva botella de aluminio. La botella estaba sudada y el líquido se mantenía verdaderamente frío en su interior, después de unos tragos la cerveza no sabía tan amarga como antes, en realidad, hasta sabía bien. Claro, acompañada con unos puños de nueces de la india que, yo no sé cómo, pero acá la gente siempre los tiene en la botana.

Estaba viendo el partido pero dejé de ponerle atención cuando cayó el segundo gol. Me enfoqué más en la botana y en la cerveza. Sin darme cuenta el árbitro pitó y dio por terminado el primer tiempo. Decidí que sería un buen momento para ir al baño porque el estómago me seguía molestando. Seguí las instrucciones que el cuñado me había dado. Llegué al bañó y busqué papel, sí había. Cerré la puerta y noté que no cerraba bien, se podía abrir aunque había puesto el seguro, la dejé así. Me senté en la taza y me le quedé viendo a la puerta, mientras cagaba pensaba en que alguien podía entrar porque la puerta no cerraba y, por extraño que parezca, alguien casi entra, por suerte alcancé a gritar "ocupado". Uno no puede cagar a gusto así.

Regresé a la sala y encontré rebanadas de sandía en la mesa. El segundo tiempo empezó cuando me disponía a comer la tercera rebanada de sandía, no tenía hambre pero el marcador me hacía comer más y más. El cuñado me pasó otra cerveza. Bien, el Bofo no estaba en el campo y en su lugar estaba Barrera. En un intervalo de 10 minutos no recuerdo nada, hubo fouls, hubo fueras y hubo más cosas, pero más recuerdo el sabor de la sandía que esos 10 minutos. El sabor de la sandía y el gol, el tercer gol que habría de poner a nuestra selección en la tumba, "el tercer clavo en la tumba" como bien dijo el narrador. Fue un gran gol.

Después del gol todos perdimos las esperanzas, tres goles eran mucho. El cuñado no dejaba de presumir sus conocimientos de fútbol, decía cosas como: "Metan a Campos", "La selección estaba jugando rebien, ¿qué pasó?", "Si los argentinos son remalos, no sé cómo le hacen", "Ese tal chicharito juega bien, ¿no?" y más desgracias. Nota: Cuando decía Campos en realidad quería decir Blanco pero no sabía bien de lo que hablaba.

La sandía se acabó y la niña, de unos 3 o 4 años empezó a limpiar la mesa. Perdí al menos 10 minutos viendo a la niña limpiar la mesa y hubiera perdido más si no hubiera sido porque el partido llamó mi atención. Aguirre hizo un cambio, todo queríamos ver al Cuau jugar, pero no, Aguirre se deshizo de Guardado y metió al Guille, ¡al Guille! ¿Qué este hombre no aprende de sus errores? ¿Así cómo?

En 10 minutos pasaron muchas cosas, dos tiros de esquina, una mano, un cambio de Argentina, unos cuantos fouls y, lo más importante, un gol de México. El chicharito hizo un golazo y todos los festejamos. Con un gol no íbamos a ganar pero nos hacía sentir mejor. El chicharito había hecho que todos los ruegos por "el de la honra" se cumplieran.

En los próximos 20 minutos pasaron muchas cosas a las cuales estuve atento, la mayoría del tiempo, pero no logro recordarlas. Si no estaba viendo a los demás o viendo la cerveza o viendo la casa o pensando en tonterías estaba viendo la pantalla. Puedo decir que vi un 80% del juego pero sólo recuerdo un 5%.

El partido me dejó un mal sabor de boca y una conclusión: Es imposible estar atento a un juego de fútbol, exige demasiada atención.